martes, 9 de diciembre de 2008

vacaciones - capitulo 7 -

Amenazó con llover.

Llegamos con un Maxi cabreado llegamos a la playa.
Había un par de nubes pero eso no impedía que el sol te abrace la piel.
Maxi traía consigo un enfado desde el “chino” donde paramos a comprar gafas para el agua, originado por una china que intento cobrarle demás a Anneken sin esta darse cuenta de ello. Maldita sea la hora en que se nos olvidaron las gafas obligandonos a entrar a ese jodido chino.
Al igual que no creía que esas nubes en el cielo pudiesen joderme el ultimo día de mis vacaciones, también descreí que el enfado de Maxi fuese increcendo. Aun me sigo preguntando porque los cabreos a Maxi le duran tanto, y es peor cuanto mas estupido se trata el enfado.
Yo reconocí el enojo de Maxi cuando alquilamos unos patines con tobogán para hacer el gilipollas mar adentro, o lo mas lejos que nuestro pulmones de fumador nos permita. Tenia una cara seria, con esa mala leche característica que tiene su mirada cuando algo le molesta o le incordia.
Una vez y adentrados en el mar, comenzamos con nuestra ardua tarea de hacer el tonto durante una hora.
Fui el primero en tirarme al agua desde el tobogan, siendo un inconsciente que creía que se rompería la cabeza a la primera.
Victorioso y sin aire asome mi cabeza por debajo del agua. Un agua mediterránea que estaba gloriosa.
Anya de Alemania había traído consigo una cámara sumergible igual que la que yo tenia, solo que esta era sumergible de verdad y la mía tan solo era un regalo de Pizza Hut por mi obesidad.
Al igual que nos ocurrió con la primera cámara, tampoco supimos estar seguros de que las fotos que sacamos debajo del agua se asemejasen aunque minimamente a un retrato.
Yo, personalmente, intenté evitar hacer mucho caso a Maxi, pensé que se le pasaría una vez estuviéramos todos ya relajados y haciendo el gilipollas.
Miré al cielo, y había un par de nubes que estaban mas grises que el resto. Comenzó a levantar un aire algo fresco.
Pronto noté que la conversación de las chicas giraba en torno a Maxi, pero no escuchaba la voz de Maxi en dicha tertulia. Pregunto por el y me dicen:”Maxi?, el muy gilipollas se fue. Mira, allí esta llegando a la orilla.”
Definitivamente ignoré esta situación, no quería que nada ni nadie arruinase mi ultimo día de vacaciones. Aunque ese alguien fuera mi mejor amigo.
Era natural que una parte de mi se sintiera mal, joder! Era mi amigo el que por una gilipolles se había ido a la orilla abandonándonos.
Me senté en el “barquito” (lo bautizamos cariñosamente asi, fantaseando que aquel pedalin era una gran fragata), y le ofrecí mi mejor cara al sol, quien me respondió con un buen puñado de sus rayos. Vanidosamente quería estar “tostado” para ser la envidia de mis compañeritos de hotel.
Esta imagen tan “verano azul” podria ser mejorada, asi que me propuse luchar contra el viento y el mar para poder armar un porro sin que se me cayera nada.
Desde el mar me miraba Anya de Alemania quien cual sirenita de mala ostia me decía :”que no podrás armarlo! Que hay mucho viento!”. “y una mierda!..” pensé, mientras me rebanaba la cabeza buscando la mejor posición para que mi empresa no se fuera a pique. Con la lengua medio mordida, los brazos en una posición que envidiaría cualquier contorsionista, una gota de sudor cayendo por mi cara y con el viento tocando los cojones, le di un lametón al porro y con el brazo en alto grite victorioso y desafiante :”HE PODIDO CONTIGO! JA!”.
Ofendido, el viento se vengo de mi haciéndome prácticamente imposible el darle mecha a esa vela.
Con la piel tostada y el alma apropiandose de un momento que jamas volvera a repetirse, volvemos a tierra firme. El agua salada del mar no dejo como recuerdo una sed desertica que solo podriamos apagar con una cerveza bien fria.
Anneken marcha a pasear a Bamba, una hermosa cruza entre pastor aleman y otro perro que no recuerdo ahora. Arregle con Anya Araña de Alemania en que regresase a por mi luego de ducharse.Ambas marchan y ahi en el chiringuito me quedo tomandome una cerveza al sol. De fondo, algo de musica, la vista el mar.
Mi destruido telefono comienza a sonar, no puedo ver quien es quien llama ya que la pantalla del telefono estaba rota, solo emitia luz y vibraba. Era un enfadado Maxi quien despotricaba contra todo ser viviente en el planeta, inclusive contra mi. Existio esa tipica charla furiosa y enemiga que se suelen dar entre grandes amigos. Egoistamente elegi dar prioridad a mis vacaciones que a un enfado con mi mejor amigo.
Pretendimos ignorar la ausencia de Maxi quien continuaba con su enfado vaya a saber uno donde.
Apetecia vino. Morir en los brazos de Baco para refugiar un encuentro que no ha de repetirse, que ha de morir ahi.
Fuimos a sacarnos de encima la arena. Y a preparar el preludio para la despedida.

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